Un año después del levantamiento en Bangladesh: desafíos políticos y sociales persisten
En julio de 2024, Bangladesh vivió un cambio histórico cuando una revuelta liderada por estudiantes derrocó a la entonces primera ministra Sheikh Hasina, poniendo fin a su mandato de 15 años y obligándola a exiliarse en India. Muhammad Yunus, premio Nobel de la Paz, asumió como jefe de un gobierno interino con el compromiso de restaurar la democracia mediante elecciones transparentes y reformas constitucionales.
Sin embargo, a un año del levantamiento, el país enfrenta una compleja situación marcada por una creciente incertidumbre política y una fragmentación del panorama electoral. El partido surgido del movimiento estudiantil busca romper con el dominio histórico de las dos grandes fuerzas políticas tradicionales, pero ha sido acusado por sus opositores de aliarse con el gobierno interino para desestabilizar el sistema político. Además, el regreso del partido islamista Jamaat-e-Islami, prohibido durante la administración previa, añade tensión al escenario político debido a sus posturas conservadoras y su histórica oposición a la independencia del país.
Las discrepancias entre los principales actores políticos dificultan la organización de unas elecciones parlamentarias claras. Mientras Yunus propone realizarlas en abril próximo tras implementar reformas clave —como limitar mandatos y reformar el sistema judicial— otros sectores presionan por adelantar los comicios. La falta de consenso ha generado confusión y tensiones dentro del gobierno y las fuerzas armadas.
En materia de derechos humanos, organizaciones denuncian ataques recurrentes contra minorías religiosas y cuestionan la capacidad del gobierno interino para garantizar su protección. Aunque se han detenido prácticas como desapariciones forzadas que ocurrieron bajo Hasina, persisten preocupaciones sobre la independencia institucional y la seguridad. Por otro lado, el acercamiento diplomático hacia China ha marcado un giro en la política exterior del país, generando tensiones con India, tradicional aliado regional que mantiene una posición crítica tras la salida de Hasina.