Valparaíso enfrenta una profunda crisis comercial y urbana en su casco histórico
En el corazón del casco histórico de Valparaíso, los comerciantes enfrentan una realidad cada vez más compleja. Raúl Gallardo, dueño de una tienda de ropa en calle Condell, ha tenido que reducir sus horarios debido a la baja afluencia de clientes y la inseguridad que afecta la zona. Desde 2019, sus ventas han caído significativamente, y muchas vitrinas cercanas permanecen vacías o cerradas tras episodios de saqueos o por temor a la delincuencia.
Este escenario es reflejo de una crisis que ha provocado el cierre de casi 400 locales comerciales desde 2022, según datos de la Fundación Piensa. El impacto no solo se limita al comercio sino que también afecta el patrimonio arquitectónico y el tejido urbano del barrio, agravado tras el estallido social.
La alcaldesa Camila Nieto, en funciones desde diciembre de 2024, ha priorizado la recuperación del casco histórico mediante acciones como la regulación del comercio informal, limpieza urbana y reparación de sistemas de vigilancia. Sin embargo, desde el sector comercial se señala que estas medidas han sido insuficientes y que el comercio ilegal simplemente se ha desplazado a otras áreas. La falta de inspectores municipales y la persistente sensación de inseguridad mantienen bajos los horarios comerciales y reducen el tránsito peatonal.
Además del impacto económico, el deterioro urbano ha generado preocupación sobre la conservación del Sitio Patrimonio Mundial. Organizaciones locales presentaron una denuncia internacional ante la Unesco por abandono y desplazamiento forzado de residentes históricos, señalando un alto porcentaje de inmuebles en mal estado o abandonados. Pese a las críticas, existen señales positivas con un mayor compromiso municipal y gestiones para atraer inversión pública y privada que permitan revitalizar la ciudad. Mientras tanto, comerciantes como Gallardo continúan resistiendo con la esperanza puesta en un futuro mejor para Valparaíso.