Nicolás Jarry renace en Wimbledon y proyecta un futuro optimista en el tenis
Antes de su participación en Wimbledon, Nicolás Jarry atravesaba un momento complicado en su carrera. Tras perder los puntos obtenidos en la final del Masters 1000 de Roma, descendió hasta el puesto 150 del ranking mundial, muy alejado del mejor lugar 16 que había alcanzado en 2024. Esto afectó su estatus dentro del circuito y lo obligó a disputar las clasificaciones para el tercer Grand Slam del año.
En Londres, Jarry superó las rondas previas sin ceder sets y alcanzó los octavos de final tras una épica remontada ante el octavo del mundo, Holger Rune, remontando dos sets en contra. Este desempeño igualó su mejor registro en un Grand Slam, un hito que también logró su abuelo Jaime Fillol hace más de cinco décadas.
A pesar de sus logros en la cancha, el chileno sigue lidiando con secuelas de la neuronitis vestibular que le afectó el oído, el equilibrio y recientemente la visión. En declaraciones a la ATP, explicó que continúa en proceso de recuperación y trabaja con especialistas para mejorar la función ocular y la coordinación visual. Reconoce que cada día representa un desafío, pero ha logrado compensar las limitaciones físicas para competir al más alto nivel.
Con su regreso al top 100 —ubicándose cerca del puesto 95— Jarry asegura una mejor posición para los próximos torneos importantes como el US Open y varios ATP 250 y 500. Además, ha ajustado su calendario para priorizar su salud y rendimiento, enfocándose en una recuperación integral que le permita continuar escalando en el ranking mundial.