Investigación sobre la gestión de alertas antes de la inundación mortal en Texas el 4 de julio
Las autoridades en Texas están bajo escrutinio por su manejo de las alertas y evacuaciones antes de que una inundación repentina arrasara con el río Guadalupe, provocando la muerte de más de 100 personas durante el fin de semana del 4 de julio, entre ellas 27 niños y monitores de un campamento cristiano femenino.
Aún se reportan más de 160 personas desaparecidas tras el desastre, según informó el gobernador estatal. Las preguntas sobre la preparación y comunicación entre funcionarios estatales, federales y del condado Kerr han sido frecuentes desde entonces.
Un cronograma elaborado por The Associated Press detalla las acciones desde el 2 de julio, cuando se activaron recursos estatales para emergencias y se aprobó el plan de emergencia del campamento. El 4 de julio, a primeras horas, ya se confirmaba que algunos niños habían sido arrastrados por las aguas mientras otros lograban escapar.
Durante la madrugada del día fatídico, los avisos de alerta emitidos por el Servicio Meteorológico Nacional indicaban riesgos significativos de inundaciones repentinas, pero las autoridades locales aseguraron que el fenómeno fue súbito y difícil de prever. A partir de las 3 a.m., las aguas comenzaron a inundar Camp Mystic, forzando a campistas y personal a buscar refugio en terrenos más altos.
Las comunicaciones oficiales muestran que aunque existieron advertencias y llamados a los gobiernos locales para evaluar evacuaciones, no hubo órdenes obligatorias ni sistemas efectivos de alerta masiva para los residentes cercanos. El jefe del condado Kerr reconoció públicamente la ausencia de un sistema formal de advertencias y afirmó que no tenían indicios previos del nivel extremo alcanzado por la crecida.
La tragedia expuso grietas en la coordinación entre agencias estatales y locales para enfrentar emergencias meteorológicas repentinas, además del impacto devastador en comunidades vulnerables como los asistentes al campamento. La investigación continúa mientras familiares buscan respuestas y autoridades revisan protocolos para evitar futuras catástrofes similares.