La tragedia de Concepción: razones del aislamiento que llevó a la masacre de 77 soldados chilenos en la Sierra peruana
El 9 de julio de 1882, la 4.ª Compañía del Regimiento “Chacabuco”, bajo el mando del teniente Ignacio Carrera Pinto, esperaba abandonar el pueblo de Concepción para reunirse con el grueso del ejército chileno comandado por el coronel Estanislao Del Canto y regresar a Lima. Sin embargo, una serie de contratiempos impidieron que Del Canto llegara a tiempo, dejando a los 77 soldados aislados y vulnerables ante un ataque inminente.
Una fuerza peruana compuesta por 300 soldados regulares y 1.500 guerrilleros, liderada por el coronel Juan Gastó, lanzó un ataque sorpresivo contra la compañía chilena, desencadenando el sangriento combate de Concepción. A pesar de resistir cerca de dos días en desventaja numérica y sin apoyo, todos los soldados chilenos fueron muertos.
El aislamiento se debió a varios factores: la expedición chilena estaba desplegada en pequeños destacamentos a lo largo del valle del río Mantaro para controlar territorio y contener a las fuerzas peruanas lideradas por Andrés Avelino Cáceres. Sin embargo, las difíciles condiciones climáticas, la falta de suministros básicos como ropa, botas y municiones, además de enfermedades como tifus y malaria, deterioraron gravemente la capacidad operativa de las tropas. La orden para retirarse hacia Lima fue comunicada sin cifrar, lo que permitió a Cáceres anticipar la maniobra y organizar emboscadas contra las guarniciones dispersas.
La compañía de Carrera Pinto quedó especialmente expuesta debido al retraso de Del Canto provocado por ataques peruanos en otros puntos estratégicos. Cuando finalmente llegó al día siguiente al pueblo de Concepción, encontró a sus hombres muertos y mutilados. En homenaje a los caídos, Del Canto ordenó conservar los corazones de los oficiales en alcohol y quemar el pueblo para dar descanso a los restos.