Inundaciones mortales en Texas evidencian deficiencias en alertas y personal meteorológico
Las recientes inundaciones en el centro de Texas, que han causado la muerte de al menos 95 personas y dejaron a decenas desaparecidas, han generado cuestionamientos sobre la capacidad del Servicio Meteorológico Nacional (NWS) y los sistemas locales de alerta. Las lluvias intensas, derivadas de condiciones excepcionales de calor y humedad vinculadas al cambio climático, provocaron un aumento del nivel del agua de hasta nueve metros en solo dos horas, sorprendiendo a los residentes y obstaculizando las evacuaciones.
El presidente estadounidense Donald Trump tiene prevista una visita a la zona afectada, mientras crecen las críticas por pronósticos meteorológicos que subestimaron la magnitud del fenómeno y que no se emitieron con suficiente anticipación. Funcionarios locales han señalado que la cantidad real de lluvia fue el doble de lo previsto inicialmente, lo que contribuyó a una inundación catalogada como evento centenario.
Además, se ha señalado la falta de un sistema efectivo de alerta en el condado de Kerr, uno de los más afectados. Su juez local explicó que la ausencia responde a costos elevados y resistencia por parte de los contribuyentes a financiar nuevas medidas. Por otro lado, la reducción del personal en oficinas clave del Servicio Meteorológico Nacional, producto de recortes aplicados durante la administración Trump, ha dejado vacantes importantes como hidrólogos y meteorólogos coordinadores, lo que podría haber debilitado la respuesta ante emergencias.
Ante este escenario, el líder demócrata del Senado, Chuck Schumer, solicitó formalmente una investigación sobre las vacantes en el NWS para evaluar si estas carencias influyeron en la gestión del desastre. La tragedia también expuso la insuficiencia de sistemas modernos de comunicación para alertar a comunidades vulnerables, como campamentos infantiles situados cerca del río Guadalupe, donde se reportaron numerosas víctimas fatales.