La Casa Blanca intensifica su estrategia arancelaria en medio de negociaciones comerciales
La administración del presidente Donald Trump ha reforzado su política de imposición de aranceles, enviando cartas a más de veinte países para amenazar con la aplicación de tarifas adicionales a partir del 1 de agosto. Estas medidas forman parte de una estrategia que busca presionar a los socios comerciales para lograr concesiones favorables, aunque los inversionistas parecen escépticos y reaccionan con calma ante estos anuncios.
Las nuevas tarifas incluyen un amplio rango que va desde el 20% hasta el 200%, afectando sectores como el farmacéutico y metalúrgico. Sin embargo, la mayoría de los países involucrados experimentaron una reducción en las tasas amenazadas o cuentan con plazos extendidos para negociar condiciones más favorables. Entre ellos destaca India, que negocia un acuerdo para reducir sus aranceles por debajo del 20%, evitando así la imposición inmediata de tarifas más elevadas.
Expertos señalan que detrás de esta política arancelaria existen tres objetivos principales: disminuir el déficit comercial y la dependencia externa, aumentar los ingresos fiscales mediante mayores cobros aduaneros y obtener mejores términos en acuerdos comerciales. Además, se observa un uso estratégico de estas medidas como herramientas políticas para presionar a gobiernos aliados o adversarios, ejemplificado en las tensiones con Brasil y la Unión Europea.
A pesar del endurecimiento en las amenazas tarifarias, el mercado estadounidense ha mostrado una reacción contenida, interpretando que la imposición efectiva de estos aranceles podría ser contraproducente para la economía interna y para las aspiraciones políticas del Ejecutivo, especialmente con vistas a las elecciones legislativas de 2026. En este contexto, las tarifas funcionan más como un mecanismo de negociación que como una política económica definitiva.