La historia detrás de la Mona Lisa: un retrato inacabado que nunca llegó a su dueño original
En 1503, Leonardo Da Vinci regresó a Florencia sin encargos inmediatos, hasta que Francesco del Giocondo, un comerciante de telas, solicitó un retrato de su esposa, Lisa Gherardini. Aunque la costumbre era pintar ambos esposos, Leonardo se enfocó únicamente en la figura femenina, capturando detalles como la enigmática sonrisa que ha fascinado a generaciones.
El artista trabajó en el cuadro durante varios años, pero en 1503 debió interrumpirlo para atender otro encargo oficial. En los años siguientes, mientras residía en Roma bajo el mecenazgo de los Médici, continuó perfeccionando el paisaje del fondo sin concluir el retrato. Finalmente, en 1516 se trasladó a Francia junto al rey Francisco I, llevando consigo la obra inacabada.
Leonardo no entregó el cuadro a su comitente original y tras su muerte en 1519, su asistente Salaì entregó la obra al monarca francés. Desde entonces, la Mona Lisa permaneció en Francia, pasando por palacios reales y sobreviviendo incluso a la Segunda Guerra Mundial antes de establecerse definitivamente en el Museo del Louvre. La pintura se ha convertido en un icono mundial cuyo origen y destino reflejan una historia de arte y poder más allá del encargo inicial.